Mi madre siempre me decía que yo era una niña un poco seria. Cuando era niña, y tuve doce años mi escuela religiosa tuvo un intercambio con una escuela en Israel, y mi madre pensó que era una buena idea si nuestra familia participó. Una estudiante de Israel iba a vivir con nosotros por dos semanas cuando ella y sus compañeros visitaban Boston.

Antes de la primera vez que la chica (se llama Julia) y yo nos conocimos, mi madre me advirtió sobre las costumbres diferentes de las jóvenes, y todas las personas, en Israel. Mi madre estudiaba en Israel por un año cuando estaba en su
universidad y siempre decía que este tiempo, y las experiencias con esa cultura eran muy importantes y valiosas. Me dijo que yo necesitaba tener una mente
abierta y respeté que la cultura de Israel era muy diferente. Decía que las Israelís eran menos serias y formales que nosotros, y también más habladoras y atrevidas. Pero ella dijo que nuestras costumbres también tienen muchas
similitudes y ella esperaba que las aprenderé. Yo lo comprendí pero todavía fui emocionante y nerviosa cuando Julia llegó.


A primera vista, yo supe que esta experiencia iba a ser difícil. Julia y todos sus amigos se acercaron
rápidamente y nos abrazaron. Había besos y abrazos y muchas expresiones físicas, que eran nuevas para la mayoría de nosotros. Después de nuestro encuentro Julia fue a mi casa conmigo y mi madre y nuestras dos semanas eran maravillosas.


Julia era una chica alucinante y sensible y nosotros nos llevamos bien. Pero durante nuestro tiempo juntas me di
cuenta de que no era un problema cuando una persona es muy extrovertida, física, y no tenía pelos en la lengua, y que a mí, me gustan estas personas. En fin, me daba cuenta de que las otras formas en que culturas expresan los sentimientos son los elementos más importantes en los intercambios porque ellas representan la cultura y sus valores.